lunes, 29 de febrero de 2016

Caos segundo

Lo primero que hizo fue lanzarme un estuche lleno de bolígrafos y rotuladores desde el marco de la puerta, entre lágrimas y gritando insultos que no escuché, preocupado por salvar la poca ginebra que me quedaba en el vaso. La puta ginebra que no me gusta pero que era el único refugio que tenía en aquella casa desconocida. Ya hace un mes de todo esto, un mes negro, del que apenas recuerdo nada que no sea pedir otro vaso en un garito oscuro, y es ahora cuando empiezo a ver las cosas con algo de claridad. Después de tirarme el estuche, se lanzó ella sobre mí, dando puñetazos a ciegas, intentando acertarme en alguna parte de mi cuerpo para que me doliera lo mismo que a ella le dolía el corazón, pero eso era imposible. Pocas cosas me duelen ya.

Conseguí calmarla dándole un absurdo abrazo mientras ella se apoyaba en mi hombro sin dejar de llorar. "Por qué me has hecho esto", "no lo sé, no lo recuerdo". Nuestra conversación era confusa, llena de preguntas cortas y respuestas aún más cortas, mientras veía como mi tabaco y la poca ginebra del vaso se apagaban poco a poco, desinteresado en lo que me decía y en lo que yo contestaba, hasta que vi como sacaba una botella de whisky medio vacía de detrás del agujero de un rodapié de su habitación, se servía un vaso y se lo bebía a sorbos pequeños, dejando en el vaso el poco pintalabios que le quedaba de la noche anterior. Pareció que se calmaba. "Eres un gilipollas", dijo mientras me servía un vaso con lo que quedaba en la botella y me daba un cigarro arrugado. Encendí el cigarro mirándola a los ojos en silencio. Me dijo alguna chorrada. Que quería que me fuera, que yo le había vuelto a destrozar la vida como yo solo sé hacerlo, que no podía creer que hubiera caído en mí de nuevo, que no podía creer que hubiera engañado a no se quién. "Te has pasado la vida engañando a la gente, no sé de qué te sorprendes", reí. Me pegó una bofetada y reí más fuerte aún mientras apuraba el vaso y me levantaba. Se quedó en el sofá entre lágrimas mientras yo me ponía el abrigo y apagaba la colilla en su vaso medio lleno. "No te vayas" murmuró. Yo reí de nuevo.

Luego hicimos el amor, pero creo que esa es otra historia.