Llevo tatuado en mi espalda
"esta sangre ya no sangra se ha cansado de correr"
y ahora que unos ojos me iluminan
no quiero usarlos de guía me he cansado de perder
"esta sangre ya no sangra se ha cansado de correr"
y ahora que unos ojos me iluminan
no quiero usarlos de guía me he cansado de perder
Una vez más te has ido como tantas otras, has cerrado la puerta y has dejado tras de ti un vacío infinito que no conoces. Una vez más te has ido, pero a diferencia del resto, ésta es para siempre. Yo lo sabía y quizá por eso esta vez no he ido a despedirme de ti, quizá por eso esta vez me he quedado en casa sentado en mi sofá mirando hacia la ventana, imaginándote en la parada de la estación buscando con la mirada una figura, a lo lejos, imaginando una voz que dice tu nombre en alto solo para darte cuenta de que no hay nadie a tu alrededor.
En mi imaginación, llevas los vaqueros que rompimos, una camiseta que no te pega nada, un moño que no te queda del todo bien y un libro del que apenas puedes leer dos líneas antes de levantar la cabeza nerviosa y mirar de nuevo el reloj o las maletas y comprobar que todo está en orden.
En mi imaginación, siete minutos antes de la hora del final, vas al baño de la estación y te lavas la cara, te miras en el espejo y compruebas que todo sigue perfecto. Te encaminas hacia la vía del tren, y dos minutos antes del pitido que anuncia tu marcha, te subes al un tren que se va muy lejos.
En mi imaginación, ese tren descarrila, da vueltas y todo el mundo muere, pero me llaman y me comunican que, a pesar de todo, tu cuerpo no ha aparecido. Una voz plastificada me dice que estás desaparecida, pero que lo más probable es que hayas muerto y sea cuestión de tiempo encontrarte. "No merece la pena tener esperanza", me dice.
En mi imaginación, nunca jamás vuelvo a saber de ti.
En la realidad, alejado de mi imaginación y de las figuras oscuras creadas en mi cabeza, observo la ventana desde mi sofá mientras se consume un cigarrillo entre los dedos de mi mano y sonrío un poco al darme cuenta de mi lastimosa figura, fumando en ropa interior en el salón de mi casa, con demasiadas latas de cerveza vacías a mi alrededor y sudando.
En la realidad, cuando tú hace horas que te has marchado y yo sigo imaginándote en mi misma ciudad, en mi mismo país, me pregunto si algún día volveré a verte y grito de rabia arrepentido por no haberte podido salvar.