Silencio.
Apenas se escucha nada en ningún lado. Tampoco en mi cabeza se escucha la voz de mi pensamiento. Todo ha quedado oscuro y en el más absoluto silencio.
Siempre me pasa lo mismo en el mismo momento. Voy lanzado, con la cabeza delante, corriendo, y de pronto:silencio. No puedo moverme, pensar, hablar o actuar. Solo silencio, una y otra vez.
Tu existencia tampoco ayuda. Vacua, feliz, inhóspita y lejana te me presentas como una figura absoluta y endiosada entre la oscuridad y el silencio. Ajena mi mente a toda realidad circundante a ti te observo desde lejos, en una pantalla rectangular que no consigue iluminar con su luz apenas un par de metros lo que me rodea. Te observo así, quieto, callado, embobado en la pantalla, que se apaga de repente y sin avisar, o que cambia de imagen a otra en la que siempre estás tú.
Y así, una y otra vez: perdido en la oscuridad y el silencio, cada vez más lejos pero sin dejar de observar cómo te alejas. Y yo así, una y otra vez: quieto, callado. Cobarde.