domingo, 29 de marzo de 2020
Arcoiris en ella
Ella es roja, como el vino. A veces, en la oscuridad de la noche intuyo sus latidos escondidos en copas llenas, en besos largos, en pechos desnudos, en lágrimas rotas y siento que el mar me engulle. Solo de noche.
Ella es naranja, como la piel del melocotón. A veces, cuando nos acostamos, la vida se vuelve un poco naranja, un poco más soportable en su compañía, un poco menos dura y un poco más liviana.
Ella es amarilla, como el sol. A veces irradia felicidad y mi mundo se para durante unos instantes. A veces hago algo mal y mi mundo se para durante horas hasta que descubro cómo hacerlo avanzar sacando una sonrisa de sus labios.
Ella es verde, como mi color favorito. A veces siento que es una flor, que necesita tiempo y cariño para que sus raíces crezcan a mi alrededor y se entremezclen con las mías para formar un mosaico de colores.
Ella es azul, como la noche. A veces, observo las estrellas bajo el manido pensamiento de que ella está viendo las mismas y mi piel se estremece y mi propia piel piensa en la suerte que tiene al rozar con la suya en las noches de frío.
Ella no es morada, porque no le gusta.
Ella es blanca, como las nubes. A veces pasa por debajo del cielo y solo un tonto podría mirar el cielo teniendo su figura ante los ojos.
Ella es todo eso, y es mucho más. Es la vida que perdí y la vida que hallé. Es mi única felicidad y la ausencia de toda mi tristeza. Es mi razón por la vida, es mi sinrazón por la muerte. Es un pedestal en el que sustentarme, es un ángel que me cuida y es un lobo que me muerde.
Ella es Laura, y es mi vida.
miércoles, 11 de marzo de 2020
Malos pensamientos
Las palabras forman
Grilletes de brillante hielo,
Suda mi piel
Y lubrifica mis malos pensamientos
Se me empieza a nublar todo,
pica todo, estoy nervioso
y me sale un bicho de dentro
que es mi peor enemigo
y estoy como poseído por el fuego...
todo es negro.
No lo quiero y lo aborrezco.
No lo quiero y lo detesto.
He mirado al vacío muchas veces. Lo he mirado desde arriba, desde lejos. He mirado, desafiante, a la oscuridad. Nunca le he tenido miedo. Tampoco lo tengo ahora. Pero, en este caso, la indiferencia ha dado paso a la atracción y el vacío me llama, primero con una voz lejana y apenas audible, luego con una voz grave y cercana que me pide cercanía.
Pienso en mí, asomado al balcón, apoyado en la barandilla verde parduzco. Pienso en mí fumando un cigarro invisible. Lo enciendo, aspiro y expulso un humo inexistente. Pienso en la barandilla, que cede y cae al vacío. Pienso en mí, que caigo detrás, aún buscando un apoyo en la barandilla que ya no existe. Pienso en mí cayendo, calculando con fórmulas olvidadas lo que tardaré en tocar el suelo. Pienso en mí cuando veo acercarse la acera.
Pienso en ti justo antes de estamparme contra ella.
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