miércoles, 12 de febrero de 2020

Latiendo en dos, mitad por ti

Me siento como en un lugar oscuro. Dentro de una oscuridad absoluta de la que no sé salir. Me siento en el fondo de un pozo sin fondo.
He salido de trabajar con desidia. No entiendo esta forma de vida, no entiendo la camisa, el horario, el estar con gente con la que no tienes nada en común salvo un trabajo de mierda y un bagaje depresivo detrás. Me he acercado al Edén y he pedido un whisky con poco hielo mientras miraba a la gente sentada en las mesas. Hay tres amigos hablando en voz baja, dos parejas dando envidia y una chica apoyada en la barra que me mira desde lejos. El camarero le sirve un vodka con limón y ella le dice algo al oído. Él se acerca a mí y me dice esa-chica-de-ahí-te-ha-pagado-el-whisky. La miro y me río. Ella sonríe, pero no se acerca. Gracias a Dios. Si espera que me levante yo o que le invite a la próxima, puede esperar sentada en la misma posición en la que está. Vuelvo a perder la mirada en el fondo de la barra mientras empieza a sonar All night long all night.

El whisky se va consumiendo y antes de terminarlo y pedir el siguiente salgo a la noche temprana a fumar el último cigarro del paquete. Me he puesto mal la cazadora y parece que los tres amigos que beben cerveza en una mesa se ríen de eso o de cualquier idiotez que piense cualquier imbécil que no beba solo. En la calle enciendo el cigarro y me pregunto cómo pudo todo romperse así.

*

Recordar el pasado no sirve de mucho. He resumido en un cigarrillo de diez minutos casi 2 años de relación y no me ha ayudado a entenderme a mí mismo. Recuerdo que en aquellos momentos de caos pensaba que, en el futuro, me comprendería mejor. Ahora han pasado diez años y no me entiendo entonces. Quizá menos todavía. Vuelvo al bar y me pregunto dónde estarás. Y con quién. Seguro que con alguien menos idiota que yo. Pido otro whisky con poco hielo. El camarero, que debe ser bastante imbécil, me pregunta si también-un-vodka-limón-para-la-chica-de-antes. Le digo que no y me mira de una manera bastante desagradable. A mí me da igual, pero controlo que no eche menos whisky del que debe en el vaso. No sé por qué esta noche no puedo sacarte de mi cabeza. Debe ser culpa de la chica de la barra. Se parece a ti. Su pelo tiene esa forma de caer sobre su espalda con magia. La he visto observar el local cuando he entrado y tiene esa misma forma de mover los ojos, con curiosidad felina, como si en alguna esquina de lo que ella no puede ver se esconda el misterio de su universo. Tiene la misma forma que tú de mover las manos al hablar con el camarero. Incluso tiene un hoyuelo en su sonrisa que ni ella misma conoce.

He decidido acercarme a ella y agradecerle el whisky anterior. Quizá invitarle a un vodka (sin limón). En la ebriedad de la noche pienso que eres tú. Que le tocaré la espalda y cuando se dé la vuelta serás tú, que no me habías reconocido en un principio y no querrás saber nada de mí, que me pedirás el dinero del whisky y te marcharás sin ni tan siquiera decir mi nombre y yo me quedaré llorando y pidiendo un vaso tras otro mientras el camarero me repite que debería haberte invitado antes.
Pero no eres tú. Dice que se llama Kay. Yo no me lo creo, pero no se lo digo. No tendría que haberme acercado. Tu hechizo (o los restos de aquel entonces) me ha traicionado y ahora tengo que aguantar este discurso sobre pintores postmodernistas que ni estoy escuchando ni me interesa. Si no se pareciera tanto a ti quizá le invitaría a mi casa, pero no puedo imaginar el despertar de mañana pensando que será tu figura la que amanezca conmigo y descubrir de nuevo que no eres tú.
Al final me lo pide ella. ¿Vives solo? me pregunta. Le miento y le digo que no, que estás tú esperándome despierta. Que eres mi mujer y que se parece a ella, y que por eso me he acercado a charlar, pero que no puedo llevarla a casa. Veo su interés desaparecer en los ojos. Le digo que es mejor que me vaya. Ella me responde que sí. Me compro otro paquete de tabaco y antes de salir del bar ya he encendido el primer cigarrillo. Se ha puesto a llover. Antes de irme a la soledad de mi casa, miro de reojo dentro del bar. Ella ya está hablando de nuevo con el camarero. Él me mira con una sonrisa burlona. Yo le hago un gesto con la mano mientras le guiño el ojo y pienso que ojalá ella sea como tú para que él no pueda dormir ninguna noche más en su vida.

miércoles, 26 de junio de 2019

Dicen que solo hacen su papel

Recuerdo, a duras penas, el día en que nos conocimos.



Me abriste la puerta de tu casa, nos dimos dos besos y me dejaste pasar a aquel piso que olía a una mezcla de champú y tabaco de liar. Creo que dijiste algo. Yo soy incapaz de recordar algo más allá de tu figura entre las sombras guiándome por ese oscuro pasillo hasta tu cuarto.

Había llevado unas cervezas que dejé sobre tu cama y me senté en el suelo mientras tú volvías a encender la música de tu ordenador. Sonaba Extremoduro, El Duende del Parque.

Es curioso: recuerdo la música, el olor, la colcha blanca y verde de tu cama, el espejo roto, los montones de libros tirados en cualquier parte, el ordenador sucio, la silla rota, cada detalle de la luz, de los muebles... pero soy incapaz de recordar apenas una palabra de lo que hablamos.

Los niños salían del colegio al que daba tu ventana y lo celebramos fumando un porro mirándolos en silencio.

Bebíamos cerveza caliente y tocaste Si te vas con la guitarra. Cada vez que sonreías era como si la vida me pidiera perdón por todo lo anterior. Como si el secreto de todo estuviera en tu sonrisa, en tus rizos entorpeciendo el mástil de la guitarra o en tus pestañas provocando huracanes.

Te dije torpemente que se me hacía tarde.

Ya han pasado un par de años de aquello. Hoy te espero en la estación con una cerveza caliente y un porro en el bolsillo. Con la misma inquietud, con distintas ganas de verte, sin dejar de temer ni un solo instante el momento en el que tenga que decirte torpemente que se me hace tarde.

jueves, 2 de mayo de 2019

2/12/2016

-Ponme dos cervezas, Julia.

-¿Esperas a alguien?

-No, solo es un día duro.

Beber me calma. Julia me observa, en ocasiones intenta iniciar una conversación, pero la verdad es que no escucho.

Bebo y bebo. Acabo las dos cervezas, pido otra, un whisky, una cerveza, un vino para Antonio que lleva dos semanas sin curro ven, pequeña, toma este whisky conmigo, salgamos fuera a fumar un porrito, a ser mejores que nadie, a revolcarnos en un parque,

viernes, 13 de julio de 2018

Tormenta

Silencio.

Apenas se escucha nada en ningún lado. Tampoco en mi cabeza se escucha la voz de mi pensamiento. Todo ha quedado oscuro y en el más absoluto silencio.

Siempre me pasa lo mismo en el mismo momento. Voy lanzado, con la cabeza delante, corriendo, y de pronto:silencio. No puedo moverme, pensar, hablar o actuar. Solo silencio, una y otra vez.

Tu existencia tampoco ayuda. Vacua, feliz, inhóspita y lejana te me presentas como una figura absoluta y endiosada entre la oscuridad y el silencio. Ajena mi mente a toda realidad circundante a ti te observo desde lejos, en una pantalla rectangular que no consigue iluminar con su luz apenas un par de metros lo que me rodea. Te observo así, quieto, callado, embobado en la pantalla, que se apaga de repente y sin avisar, o que cambia de imagen a otra en la que siempre estás tú.

Y así, una y otra vez: perdido en la oscuridad y el silencio, cada vez más lejos pero sin dejar de observar cómo te alejas. Y yo así, una y otra vez: quieto, callado. Cobarde.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Miserere

Sus ojos estaban cerrados cuando la reconocí. Lo recuerdo porque al levantar los párpados recordé todos los golpes que me había dado con esas mismas pestañas a lo largo de los tres días que pasamos juntos en mi cama. No esperaba volver a verla de nuevo y mis rodillas flaquearon, mi cerebro decidió quedarse en blanco, y todo lo que pude hacer fue girar la cabeza con la esperanza de que no me viera.

Seguí bebiendo cerveza evitando volverme a observar su pelo largo desde detrás. Luchaba con todas mis fuerzas para no volverme y conseguir pedir otra cerveza más cara de lo que pensaba en una barra abarrotada por gente que no estaba ni la mitad de borracha que yo cuando la olí detrás de mí, cuando su mano derecha decidió tocarme el hombro, y cuando me obligó a girarme derrotado con una sonrisa en mi cara que no sabía qué actitud tomar.

"Qué sorpresa" dijo.

Su sonrisa seguía siendo la misma: esos dientes perfectos, ese hoyuelo en la mejilla derecha más alto que el de la izquierda, ese hacerte sentir más frágil e inútil que trozo de cristal roto. Me mareé y durante diez segundos no pude decir nada.

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y

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Cogí la cerveza de la barra, agaché la cabeza y salí a medio correr del bar, sin decir ni una sola palabra, sabiendo que no podría vencerla en esta ocasión (ni en ninguna otra).
Una vez fuera del bar, crucé la acera y me senté en el bordillo, abrazado a mi cerveza y escondido entre dos coches azules. Trago a trago, esperaba. Mi único objetivo era observar la puerta del bar y verla salir, sin tener mucha idea de qué le diría cuando me viera sentado en el suelo.

El tiempo fue pasando.

La noche escapó y mis ojos se cerraron.

Soñé con cocodrilos azules que me rodeaban y me desmembraban a dentelladas una y otra vez.

Cuando desperté, el bar había cerrado, la calle estaba vacía y mi cerveza yacía derramada sobre la acera.

En los dedos de mi mano derecha descansaban los restos de un pintalabios que nunca supe cómo llegó ahí.


sábado, 21 de octubre de 2017

Este nunca esconde un ojalá

Solo hay una estrella, allá a lo lejos, en esta noche absurda y tan lejana en el tiempo. A ratos, intento trepar hasta ella con la esperanza de poder verte desde allí arriba en la oscura inmensidad, dirigir la mirada hacia ese país tan extraño, y distinguir tu figura durmiendo en una cama enorme para un piso tan pequeño.

Rara vez consigo alcanzarla, y me conformo con sentarme en el bordillo de una acera a fumar y a pensar en cómo estar lo más cerca posible a ti. Cierro los ojos y lamento no poder olvidarte en todo este tiempo, lamento no poder salir de ti, no dejar de sentirte al lado sin poder tocarte ni olerte y pienso en todo lo que hicimos tan mal. A veces sonrío y pienso "menos mal que sigue estando tan cerca".

El cigarro se ha terminado por consumir en mis dedos y, echando un último vistazo a la estrella, vuelvo a entrar en el portal, vuelvo a casa, y me quedo dormido pensando en las lunas que descansan en tus ojos.





miércoles, 30 de agosto de 2017

(Sin dirección)(Latiendo en dos)(Mitad por ti)

Llevo tatuado en mi espalda
"esta sangre ya no sangra se ha cansado de correr"
y ahora que unos ojos me iluminan
no quiero usarlos de guía  me he cansado de perder



Una vez más te has ido como tantas otras, has cerrado la puerta y has dejado tras de ti un vacío infinito que no conoces. Una vez más te has ido, pero a diferencia del resto, ésta es para siempre. Yo lo sabía y quizá por eso esta vez no he ido a despedirme de ti, quizá por eso esta vez me he quedado en casa sentado en mi sofá mirando hacia la ventana, imaginándote en la parada de la estación buscando con la mirada una figura, a lo lejos, imaginando una voz que dice tu nombre en alto solo para darte cuenta de que no hay nadie a tu alrededor.

En mi imaginación, llevas los vaqueros que rompimos, una camiseta que no te pega nada, un moño que no te queda del todo bien y un libro del que apenas puedes leer dos líneas antes de levantar la cabeza nerviosa y mirar de nuevo el reloj o las maletas y comprobar que todo está en orden.
En mi imaginación, siete minutos antes de la hora del final, vas al baño de la estación y te lavas la cara, te miras en el espejo y compruebas que todo sigue perfecto. Te encaminas hacia la vía del tren, y dos minutos antes del pitido que anuncia tu marcha, te subes al un tren que se va muy lejos.

En mi imaginación, ese tren descarrila, da vueltas y todo el mundo muere, pero me llaman y me comunican que, a pesar de todo, tu cuerpo no ha aparecido. Una voz plastificada me dice que estás desaparecida, pero que lo más probable es que hayas muerto y sea cuestión de tiempo encontrarte. "No merece la pena tener esperanza", me dice.

En mi imaginación, nunca jamás vuelvo a saber de ti.

En la realidad, alejado de mi imaginación y de las figuras oscuras creadas en mi cabeza, observo la ventana desde mi sofá mientras se consume un cigarrillo entre los dedos de mi mano y sonrío un poco al darme cuenta de mi lastimosa figura, fumando en ropa interior en el salón de mi casa, con demasiadas latas de cerveza vacías a mi alrededor y sudando.

En la realidad, cuando tú hace horas que te has marchado y yo sigo imaginándote en mi misma ciudad, en mi mismo país, me pregunto si algún día volveré a verte y grito de rabia arrepentido por no haberte podido salvar.