viernes, 10 de febrero de 2017

Azul océano


esos besos que saben a despedida
a vinagre en las heridas
a pañuelo de estación.


Ha sonado un portazo y solo has dejado silencio en esta casa vacía. La música no consigue llenarlo y este gato que me han regalado no me considera un amigo todavía. Los radiadores están fríos y esta manta blanca no me tapa los pies y cigarro tras cigarro me consumo en este sofá azul océano en el que me hundo un poco más cada segundo. La cerveza está terminada pero el frigorífico está demasiado lejos como para alcanzar una sin abrir. En la tele, Sabina insiste una y otra vez en que lo niega todo y los colores y el blanco y negro se van marchitando poco a poco mientras intento buscar una manera de alcanzar la arena y salir del mar.

Un marinero me ha tirado un flotador naranja que se queda colgando por la borda a pocos metros del agua y yo no consigo alcanzarlo. El marinero me grita que no les queda más cuerda, pero que tienen una tabla como el de Titanic a la que puedo trepar y navegar hasta que otro barco aparezca, y yo me río y les grito que me dejen en paz en esta agua putrefacta y que apesta a whisky y de pronto me despierto en el suelo de mi pasillo rodeado de un vómito naranja y una herida que sangra en mi cabeza.

Al levantarme me veo más capaz de abrir otra cerveza, y una vez bebido el primer trago, aprovecho el hielo que la rodea para ponérmela en la herida. Vuelvo a tumbarme en el sofá. El gato me mira desde lejos, receloso. Me pregunto dónde estarás. Si terminaremos lo que empezamos.

How I wish, how I wish you were here.
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl,
Year after year,
Running over the same old ground.

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