Yo no entiendo (ni quiero entender) el amor. A veces, de pronto, te golpea, sin avisar, y sientes un poco ese nosequéestápasandoamialrededor, y de pronto te peinas, o te pones las camisetas que mejor te quedan, en vez de las que están las primeras del montón.
Otras veces, lo buscas desesperadamente en la figura de alguien que te apasiona, quizás ella, la que lee y te da lecciones de vivir, de cómo existir sin perder nunca la compostura, y quizá después de muchas idas y venidas, lo encuentras y ella te sigue dando lecciones de vivir y de cómo existir sin miedos, de cómo existir solo para ella, para los dos.
De pronto, un día, estás un poco enfermo, y alguien recorre 6 kilómetros solo para llevarte un poco de chocolate caliente y un par de besos, y contarte que ha tenido un día algo horrible, que debes llevar las camisetas por dentro, y que las marcas en el cuello, se consiguen con la práctica. De pronto, esa chica es lo único que tienes siempre en la cabeza, y no puedes leer, ver la tele ni vivir sin pensar en ella, y, de pronto, no quieres existir sin saber que ella está ahí. Porque para qué existir, si ella no está para darte un abrazo cuando llegas a casa.
Vaya, como las palabras.
jueves, 21 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
Carta para Courtney Love
Hace unas horas, hundido, derrotado, tremendamente perdido, he salido a la calle, dejando que mis pasos me guiaran por las calles de Huesca, que decidieran ellos el rumbo que tomar, evitando, para variar, mi propia toma de decisiones.No ha sido hasta que ha pasado un buen rato de vagar sin rumbo que me he dado cuenta de la dirección que habían tomado mis pasos y, con miedo, he girado a la izquierda. Mis pies pisaban baldosas que hacía casi dos años que ya no pisaban, y paso ha paso, me han guiado a tu casa.
Supongo que buscaba la seguridad que solo tú has sabido transmitirme, quizá solo buscaba llorar, o un abrazo, y aunque sabía perfectamente que no estabas en casa, ni si quiera en la ciudad o en el país, me he sentado en tu portal, como hacía siempre, y me he parado a pensar.
He pensado en el sufrimiento que supone amar a una persona, en la clase de títere en la que me he convertido, en ti, en mi, en nuestro lejano nosotros. Ya ni siquiera me acuerdo como te quería, ni recuerdo tu cara, ni tus manos, ni tu espalda. Solo recuerdo un pequeño retazo de felicidad, que cada vez veo con más fuerza que nunca existió, y pienso que quizá ahora ame más, más fuerte y, sin duda, con más dolor, si cabe.
Me he parado a pensar, quizá en demasiadas cosas y por eso ahora mi cabeza esté cercana a la explosión.
Quizá lo mejor sea tomarme una aspirina y dormir, y mañana, seguir un poco más con la vida.
Supongo que buscaba la seguridad que solo tú has sabido transmitirme, quizá solo buscaba llorar, o un abrazo, y aunque sabía perfectamente que no estabas en casa, ni si quiera en la ciudad o en el país, me he sentado en tu portal, como hacía siempre, y me he parado a pensar.
He pensado en el sufrimiento que supone amar a una persona, en la clase de títere en la que me he convertido, en ti, en mi, en nuestro lejano nosotros. Ya ni siquiera me acuerdo como te quería, ni recuerdo tu cara, ni tus manos, ni tu espalda. Solo recuerdo un pequeño retazo de felicidad, que cada vez veo con más fuerza que nunca existió, y pienso que quizá ahora ame más, más fuerte y, sin duda, con más dolor, si cabe.
Me he parado a pensar, quizá en demasiadas cosas y por eso ahora mi cabeza esté cercana a la explosión.
Quizá lo mejor sea tomarme una aspirina y dormir, y mañana, seguir un poco más con la vida.
domingo, 27 de octubre de 2013
Anoche soñé.
Anoche soñé que conocía una mujer buena. Tenía tus ojos en la cara, tus manos en sus brazos, tu pelo en su cabeza, tenía incluso esa sonrisa desmaquillada de la que me enamoré. Anoche soñé que te volvía a conocer y mi mundo se volvió de nuevo hacia abajo, y tuve miedo de enamorarte de nuevo y destrozarte como antes. Anoche soñé que tú eras la única mujer buena que he conocido, y que por fin hacíamos los viajes que siempre habíamos planeado, que visitábamos México y dividíamos desde el avión el país en 3 cárteles, que comíamos pequeños saltamontes fritos en la India y nos abrigábamos el uno al otro en Islandia.
Soñé todo eso en 17 minutos, y después me desperté.
Anoche soñé que tú eres la única mujer buena en el mundo, y que por eso mismo te abandonaba. Soñé que te abandonaba por saber que no había nadie como tú en ningún lugar, y eso me asustaba tanto que no podía permitirme sujetarte entre mis brazos, y tú lo sabías, y desde lejos llorabas y me pedías que volviera. Yo me moría por dar la vuelta y volver, y decirte que te amo, y con lágrimas en los ojos lo intentaba, pero algo me lo impedía.
Anoché tuve una pesadilla.
En ella, soñé que te conocía.
Soñé todo eso en 17 minutos, y después me desperté.
Anoche soñé que tú eres la única mujer buena en el mundo, y que por eso mismo te abandonaba. Soñé que te abandonaba por saber que no había nadie como tú en ningún lugar, y eso me asustaba tanto que no podía permitirme sujetarte entre mis brazos, y tú lo sabías, y desde lejos llorabas y me pedías que volviera. Yo me moría por dar la vuelta y volver, y decirte que te amo, y con lágrimas en los ojos lo intentaba, pero algo me lo impedía.
Anoché tuve una pesadilla.
En ella, soñé que te conocía.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)