Yo no entiendo (ni quiero entender) el amor. A veces, de pronto, te golpea, sin avisar, y sientes un poco ese nosequéestápasandoamialrededor, y de pronto te peinas, o te pones las camisetas que mejor te quedan, en vez de las que están las primeras del montón.
Otras veces, lo buscas desesperadamente en la figura de alguien que te apasiona, quizás ella, la que lee y te da lecciones de vivir, de cómo existir sin perder nunca la compostura, y quizá después de muchas idas y venidas, lo encuentras y ella te sigue dando lecciones de vivir y de cómo existir sin miedos, de cómo existir solo para ella, para los dos.
De pronto, un día, estás un poco enfermo, y alguien recorre 6 kilómetros solo para llevarte un poco de chocolate caliente y un par de besos, y contarte que ha tenido un día algo horrible, que debes llevar las camisetas por dentro, y que las marcas en el cuello, se consiguen con la práctica. De pronto, esa chica es lo único que tienes siempre en la cabeza, y no puedes leer, ver la tele ni vivir sin pensar en ella, y, de pronto, no quieres existir sin saber que ella está ahí. Porque para qué existir, si ella no está para darte un abrazo cuando llegas a casa.
Vaya, como las palabras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario