viernes, 27 de junio de 2014

Índice de una despedida; todas las canciones mienten.

Esta no es la última vez que voy a escribirte .
Sólo se me da bien mentir a las personas,
con los folios en blanco no puedo
y tú siempre has sido como un libro abierto
con una piedra por marcapáginas.

Ojalá te tengan y no dejen de quererte
nunca
he sabido mirar a los ojos del que ama y negarle el placer de acabar con todo
lo que necesita para sentirse vivo.

Evoco la nostalgia de los cobardes
para escribir sobre los valientes que se atrevieron a soltar las manos de la cornisa.

Ojalá siempre tengas miedo para que puedan quitártelo todo.

Que te den la mano para cruzar la calle
que se os pongan en rojo los semáforos
quitándoos las legañas del que no duerme
porque no quiere
o porque te quiere hacer sudar
sin esfuerzo.

Que te follen más o menos
pero que te lo hagan
el amor o feliz
lo que seas.

Ojalá te despierten en París
estés en la ciudad que estés
y se queden. 

Siempre nos quedará Roma

Ojalá el camino te encuentre a ti
y no tenga cojones a despertarte. 


Que no te haga falta Navidad para recibir regalos
que no tengas que morir para recibir flores
que te pongan el grito en el cielo sólo si piensan subirte 
y que no te suelten
nunca
he sabido cómo despedirme
saludando sin perder las formas
y los vestidos de volantes.

Que te besen con las mismas ganas con las que me fumo el primer cigarro del día
y te traigas como desayuno a la cama
y se queden a comer
hasta que te acabes toda esa tristeza
que fui acumulando bajo tu cama
mientras te hacías la dormida.

Que te multen los vecinos por la risa
y que lo pague otro.

Que te vaya bien.

Que te vayas bien.


'Pero lejos.'


                                                                           -Irene X

lunes, 23 de junio de 2014

Playa



 y aunque pueda perdonarte
por nuestro amor,
con el tiempo yo podré
olvidar tu besar, tu mirar
pues era falso todo el amor
que sentías por mí.





Cubelles, 22-07-2014

Estoy en desacuerdo con el tiempo. El reloj me desafía. Clic, clac. La aguja avanza, penetra en mi vena. Avanza, sola, ya ni la miro, dejo que actúe. Estoy en desacuerdo con el tiempo porque me destroza los cánones, me revienta los planes, no me deja pensar cuando miro fijamente el reloj. Ya son las siete. Clic, clac, escucha el puto sonido. Piérdete.

Las huellas en la arena me recuerdan pisadas no dadas, pisadas que se pierden ya en los recovecos de la memoria y que no pisarán jamás, gracias a Dios, ninguna  otra playa alejada de todo. Sale el sol allá lejos, en el mar, la cerveza sigue volando de la lata, el pantalón está lleno de arena y cocaína.

Ahora, clic, clac, son las ocho. Clic, clac. Ya notas las cinchas agarrarte a la cama. No te sueltan. Já. Ni te soltarán. Tú solo mira. Clic, clac, te dice el reloj. Clic, clac. Piérdete.

Clic, clac, las nueve. El campanario suena lejano. Ya es de día, toca volver. Escóndete, sobran las palabras. Y la música. A fin de cuentas, tu amigo ronca y lo escuchas, ajeno a la cama en la que deberías estar, la cama que otro ocupa. Clic, clac. Ya es de día. Clic, clac. Levántate.

domingo, 8 de junio de 2014

Por las cosas que no cambiarán

Ultimamente, al acostarme, siento que esta no es mi casa, que esta ya no es mi vida. Que las noches son demasiado cortas, las mañanas demasiado largas, y que ya no existen las tardes. Que mirar al móvil, apenas tiene sentido, y que los ojos que me devuelve el espejo tienen pocas ojeras para ser los míos.

Cuando ahora miro por la ventana, solo veo rostros desconocidos que no reparan en mí, que me ignoran, los perros de los vecinos ya no ladran cuando me asomo, y el reflejo de la ventana no devuelve un rostro inseguro, si no un rostro que parece saber dónde va.


Luego suena Yosi en directo, y me hace arder mientras grita al aire Palabras que jamás volverán a sonar de mis labios. "Nunca más volveré a cantar esta canción" nos promete el anciano desde el escenario apurando el whisky de una botella que durante todo el concierto ha estado en sus manos, y yo, apago el móvil y me rodeo de rizos que no deberían estar conmigo, subrayando que todo momento pasado, fue mejor.


Entonces es cuando pienso, tumbado aún en la cama, solo o quizás acompañado, pero siempre de noche y en silencio, en las cosas que no cambiarán nunca, en esos barrios en los que apenas suele cambiar nada, en esa señora que 30 años después, y como cada día, baja a comprar el pan a la tienda de la esquina, en esa chica que huye en la noche, en ese gitano que vuelve a las dos y media de la madrugada recién follado y sonriente.

Luego me pregunto, sin más, que dónde estarás. Y no me refiero a nadie en concreto, solamente pregunto, en parte indiferente. Courtney, Amarilla, Ariadna, disfraces que puse. Las cosas que no cambian nunca, las personas que no cambian nunca, los disfraces que todavía guardo en el armario.