domingo, 8 de junio de 2014

Por las cosas que no cambiarán

Ultimamente, al acostarme, siento que esta no es mi casa, que esta ya no es mi vida. Que las noches son demasiado cortas, las mañanas demasiado largas, y que ya no existen las tardes. Que mirar al móvil, apenas tiene sentido, y que los ojos que me devuelve el espejo tienen pocas ojeras para ser los míos.

Cuando ahora miro por la ventana, solo veo rostros desconocidos que no reparan en mí, que me ignoran, los perros de los vecinos ya no ladran cuando me asomo, y el reflejo de la ventana no devuelve un rostro inseguro, si no un rostro que parece saber dónde va.


Luego suena Yosi en directo, y me hace arder mientras grita al aire Palabras que jamás volverán a sonar de mis labios. "Nunca más volveré a cantar esta canción" nos promete el anciano desde el escenario apurando el whisky de una botella que durante todo el concierto ha estado en sus manos, y yo, apago el móvil y me rodeo de rizos que no deberían estar conmigo, subrayando que todo momento pasado, fue mejor.


Entonces es cuando pienso, tumbado aún en la cama, solo o quizás acompañado, pero siempre de noche y en silencio, en las cosas que no cambiarán nunca, en esos barrios en los que apenas suele cambiar nada, en esa señora que 30 años después, y como cada día, baja a comprar el pan a la tienda de la esquina, en esa chica que huye en la noche, en ese gitano que vuelve a las dos y media de la madrugada recién follado y sonriente.

Luego me pregunto, sin más, que dónde estarás. Y no me refiero a nadie en concreto, solamente pregunto, en parte indiferente. Courtney, Amarilla, Ariadna, disfraces que puse. Las cosas que no cambian nunca, las personas que no cambian nunca, los disfraces que todavía guardo en el armario.

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