La noche se acababa. Lo cantaba Yosi, la noche se acaba, la
noche se acaba. Yo miré el reloj, y vi que la hora estaba ahí ya, se acercaba.
Era siempre así, siempre fue así. Me fui con mi whisky hacia allí. Allí donde
sonó Deltoya hace años, haciendo destrozar al resto del mundo mientras tanto.
Cuando solo éramos tú y yo. Pero tú no estabas. Esperé. Busqué en el suelo los
restos de permanente. Pensé en las noches con un rotulador y vodka o vino,
escribiendo palabras sin sentido en las paredes destrozadas de Huesca donde
antes hicimos el amor, pero solo apareció tu fantasma. Venme a ver caminito de la locura.
Hablé con tu fantasma un buen rato, mientras las luces y la
música sonaban de fondo, esa luz y esa música que solo se soporta con alcohol y
solo se entiende con drogas. Luego miré el reloj, le di un beso a tu forma
incorpórea, cogí mi vaso y me levanté. Un globo amarillo cayó del cielo y el
sol empezó a asomar por el horizonte. Mierda, y empecé a caminar. De pronto
surgiste de la nada, como el globo, y alguien gritó y el cielo se volvió
morado. Llego tarde, me dijiste, y sonreíste con esos dientes que siempre me
destrozan. Vámonos de esta habitación al
espacio exterior.
Me contaste que han pasado muchos años, que viajamos y nos
derrotamos y que siempre nos estuvimos cayendo. Te conté que me acordaba de ti
todos los días del mundo, te conté que yo ya estaba muerto. Vámonos de aquí, me
dijiste con lágrimas y te soltaste de mi mano y yo no supe si seguirte o irme
del todo y no volver a empezar, pero del cielo empezó a desaparecer el color
morado, y de mi camiseta desaparecieron los gusanos que habían aparecido sin
que yo me diera cuenta, y sentí un pánico que me obligó a correr hacia ti
sentada en el césped, llorando y tapando las lágrimas con tus manos. Había un muerto tirado sobre un banco. Y poder vestir con tu sonreír mis raídos
rincones donde duermen las flores que huyen del jardín de mi umbrío corazón.
Luego, no sé, la noche se acabó, pero la pasamos juntos. Y
luego fueron batidos de chocolate, alguna que otra sonrisa y mordiscos en la
nariz. Luego te fuiste, cerraste la puerta de mi casa y no miraste atrás y yo
me quedé solo otra vez y con ganas de beber y llorar. Ahora quizá sea el vodka
o la casa llena de mierda y platos rotos, o quizá sea que he visto por la
ventana un perro exactamente igual que Lanas, o una niña llamada Ariadna. Quizá
sea todo eso o quizá sea que tenías razón y debíamos darle un final a todo
esto. Quizá ahora pueda poner en orden mi vida y empezar otra de nuevo. Quizá sí,
o quizá todo siga igual. Con escaleras, ángeles y lobos estampados en
camisetas. I will be your baby tonight. Dylan arde bajo el agua. O quizá no. Things have changed.
Chorche volvió a ser Kurt. Ella, volvió a ser Courtney.
No hay comentarios:
Publicar un comentario