A Alicia no le gusta mirarse al espejo y sin embargo, lo hace cada mañana. Lo hace nada más levantarse, pasa cinco largos minutos observando su cara, sus granos, sus dientes, su pelo revuelto y graso. Aprende a odiarse a sí misma durante cinco minutos matinales que le dan fuerza para arrancar la vida un nuevo día. Luego pone algún CD de Los Piratas, ese de la canción que dice lo de no te echaré de menos en septiembre, y un domingo de septiembre Alicia desea no echar de menos.
Un gato se cuela por la rendija de la puerta, de un salto alcanza la tapa del váter y se queda ahí un buen rato, mientras el disco sigue girando, mientras el agua sigue cayendo, mientras Alicia llora bajo la ducha y las lágrimas se confunden con la mierda de su pelo, con la resaca y el olor a desperdicio. Siente, como cada día, morir una pequeña parte de su cuerpo cuando sale de la ducha y ve un cepillo de dientes que lleva meses sin usarse en el vaso junto al suyo, junto a su crema y el líquido de unas lentillas que ella no usa. Alicia se agarra la toalla mientras sigue cantando alguna canción triste y se viste, baja a comprar el periódico y lee en el suplemento alguna chorrada de Cortázar. Luego habla por teléfono con su novio y le manda un beso y le dice que le quiere. Cuando vuelve a casa, ya es la hora de comer y se prepara algo de ensalada y un poco de jamón.
Por la tarde, Alicia se siente sola, lee, ve la tele y se vuelve a sentir sola. A veces llora a escondidas.
Por la noche, Alicia se convierte en una gata que sale por su balcón y asalta todos los callejones del barrio buscando pobres gatos que engañar.
Mañana se mirará en el espejo como cada día, y se preguntará de dónde ha salido ese arañazo que tiene en su corazón.
Ojalá todas las mujeres dr tu vida leyeran suplementos de Cortázar. Ojalá alguna lo estudie y te lo cuente. Ojalá me quieras libre.
ResponderEliminarOjalá además alguna te explique dónde poner las comas. Que buena falta hace. Con todo el amor, you know
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