Buscamos en las heridas abiertas como quien busca un tesoro en lo más profundo del mar. Revolvimos en sangre y desesperación, gritamos de dolor a los cuatro vientos de aquel barco que no hacía más que zozobrar. Sentí la necesidad de tirarme por la borda cuando me supe curado de una herida de otro color, más amarilla, más fea que la que me provocaste tú, y te dejé en la cubierta de aquel enorme transatlántico mirando el amanecer sin mí, a sabiendas de que alguien vendría a por ti.
Después de eso me envolvió otra vez una oscuridad morada y me acurruqué en una esquina de mi cama procurando salir lo menos posible, llorando e intentando escapar de allí cabalgando sobre unos caballos que no existían más que en el papel. No tengo muchos recuerdos de aquello, sé que a veces me acompañaba alguien en aquella esquina y me sentía por momentos con opciones de salir de ahí, pero luego todo se derrumbaba y volvía a refugiarme en la oscuridad. Recuerdo a veces beber y reír, de manera falsa y gastada, como si el Jack Daniels ya no sirviera como servía antes, y recuerdo salir un día y no soportar la luz de ahí fuera.
Y ahora miro desde la oscuridad que me rodea al exterior, y pienso en tu barco, en tu pelo rojo, miro este morado que me rodea y pienso en el salvavidas que no quisiste echarme.
lunes, 24 de noviembre de 2014
jueves, 13 de noviembre de 2014
No sufras, Prometeo
Quién malvado cien veces no haya sido
El mundo es un rompecabezas con piezas un tanto homogéneas. No parece posible terminar un paisaje del mismo azul por todas partes. Un hombre camina siguiendo unas baldosas amarillas mientras un payaso le muerde el cuello a una mujer.
La mujer grita, excitada, mientras el hombre que camina los mira apenado y llora su irascibilidad. El payaso guiña un ojo, mientras un cielo negro rompe a llover destrozando la oscuridad con un rayo que deslumbra y parte un tronco, ya seco, en dos.
Un cuervo ríe.
Las moscas se arrebollan en un montón de mierda mientras provocan un molesto sonido que se clava en el cerebro del hombre.
Un cuervo emite un desagradable sonido, demasiado parecido a una risa.
Hoy voy ganando, ayer perdí.
El mundo es un rompecabezas con piezas un tanto homogéneas. No parece posible terminar un paisaje del mismo azul por todas partes. Un hombre camina siguiendo unas baldosas amarillas mientras un payaso le muerde el cuello a una mujer.
La mujer grita, excitada, mientras el hombre que camina los mira apenado y llora su irascibilidad. El payaso guiña un ojo, mientras un cielo negro rompe a llover destrozando la oscuridad con un rayo que deslumbra y parte un tronco, ya seco, en dos.
Un cuervo ríe.
Las moscas se arrebollan en un montón de mierda mientras provocan un molesto sonido que se clava en el cerebro del hombre.
Un cuervo emite un desagradable sonido, demasiado parecido a una risa.
Hoy voy ganando, ayer perdí.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Caballos que vuelan
10-11-2014 18:42
El mundo ha vuelto a caerse sobre mí. Ha sido de pronto, sin aviso, una losa dentro que ha golpeado mi ser. Y luego, no sé, unas buenas ganas de beber, más ganas de desaparecer, y algunas de morir, y de seguir bebiendo.
A veces pienso en lo que pensaré cuando vuelva a leer esto, si seré feliz, si me reiré pensando en lo dramático que era, y en cómo exageraba lo que ahora siento con tanto dolor, esta imposibilidad de ser feliz.
No lo sé, pero sí que sé que aún falta mucho para eso. Quizás ya ni tenga este cuaderno para entonces.
Aquel día me destrozaste del todo. ¿Qué me has hecho?
Chor.
El mundo ha vuelto a caerse sobre mí. Ha sido de pronto, sin aviso, una losa dentro que ha golpeado mi ser. Y luego, no sé, unas buenas ganas de beber, más ganas de desaparecer, y algunas de morir, y de seguir bebiendo.
A veces pienso en lo que pensaré cuando vuelva a leer esto, si seré feliz, si me reiré pensando en lo dramático que era, y en cómo exageraba lo que ahora siento con tanto dolor, esta imposibilidad de ser feliz.
No lo sé, pero sí que sé que aún falta mucho para eso. Quizás ya ni tenga este cuaderno para entonces.
Aquel día me destrozaste del todo. ¿Qué me has hecho?
Chor.
domingo, 2 de noviembre de 2014
La niebla del jueves
Necesaria.
Para mí, esta canción es necesaria
Todo el mundo me dice: "¿para qué?
Si ella nunca, ya nunca va a volver"
Y por eso, les llevo la contraria
y por eso me vuelvo del revés.
Antonio salió un poco desconcertado de aquella cama, de aquella casa, de aquel portal que olían a doce del mediodía, a comida familiar de domingo, a familia, a una vida quizás más alejada de lo que pensaba que era la suya. Hacía sol en la calle. Era la una del mediodía de un viernes de abril, quizás incluso fuera Viernes Santo. Antonio salió a la calle encendiendo con su mechero oxidado un cigarrillo liado con las migas de un paquete de tabaco que había encontrado en el bolsillo de su pantalón y, aspirando esa primera calada tan salada, tan amarga y redentora, intentó pensar en la noche de jueves que le había llevado a un viernes perdido en un barrio lejano, a una casa lejana, a una mujer demasiado cercana, de nuevo.
Todo empezó cuando empezó a sonar en el bar "Mis problemas con las mujeres" y el Loco se dejó la presencia y la voz como siempre en la grabación del Tropicana. La mente divagó, y con la mente, el alcohol y la raya de coca en el baño y el abrazo de María la mulata que trabajaba de camarera los jueves, viernes y sábados y a la que una vez le dijo demasiado borracho que estaba enamorado de ella.
Antonio salió a la calle aquel viernes preguntándose qué había pasado después del abrazo de María y no consiguió acordarse. Se acordaba del taxi con Marina, de los besos en el portal de siempre, de follar, del vacío que sintió antes de dormir, cuando Marina ya respiraba lentamente a su lado y él buscaba sin encontrarlo el resto de porro que se había guardado en la cartera hacía un par de horas.
Recordaba todo eso, y realmente no necesitaba recordar nada más. Luego se quedó dormido de golpe y cuando despertó Marina seguía durmiendo. Con cuidado salió de la cama, se vistió y encontró el paquete de tabaco tirado en el suelo. Luego se lió el cigarro y cerró la puerta de la casa de Marina de un portazo con la esperanza de despertarla y obligarla a salir corriendo a buscarle, pero eso no pasó.
Salió desconcertado de aquel portal con olor a guiso de domingo, se encendió el cigarro, y ni siquiera se dio cuenta de que llevaba la camiseta del revés mientras pensaba en los recuerdos y en la niebla de un jueves cualquiera.
Para mí, esta canción es necesaria
Todo el mundo me dice: "¿para qué?
Si ella nunca, ya nunca va a volver"
Y por eso, les llevo la contraria
y por eso me vuelvo del revés.
Antonio salió un poco desconcertado de aquella cama, de aquella casa, de aquel portal que olían a doce del mediodía, a comida familiar de domingo, a familia, a una vida quizás más alejada de lo que pensaba que era la suya. Hacía sol en la calle. Era la una del mediodía de un viernes de abril, quizás incluso fuera Viernes Santo. Antonio salió a la calle encendiendo con su mechero oxidado un cigarrillo liado con las migas de un paquete de tabaco que había encontrado en el bolsillo de su pantalón y, aspirando esa primera calada tan salada, tan amarga y redentora, intentó pensar en la noche de jueves que le había llevado a un viernes perdido en un barrio lejano, a una casa lejana, a una mujer demasiado cercana, de nuevo.
Todo empezó cuando empezó a sonar en el bar "Mis problemas con las mujeres" y el Loco se dejó la presencia y la voz como siempre en la grabación del Tropicana. La mente divagó, y con la mente, el alcohol y la raya de coca en el baño y el abrazo de María la mulata que trabajaba de camarera los jueves, viernes y sábados y a la que una vez le dijo demasiado borracho que estaba enamorado de ella.
Antonio salió a la calle aquel viernes preguntándose qué había pasado después del abrazo de María y no consiguió acordarse. Se acordaba del taxi con Marina, de los besos en el portal de siempre, de follar, del vacío que sintió antes de dormir, cuando Marina ya respiraba lentamente a su lado y él buscaba sin encontrarlo el resto de porro que se había guardado en la cartera hacía un par de horas.
Recordaba todo eso, y realmente no necesitaba recordar nada más. Luego se quedó dormido de golpe y cuando despertó Marina seguía durmiendo. Con cuidado salió de la cama, se vistió y encontró el paquete de tabaco tirado en el suelo. Luego se lió el cigarro y cerró la puerta de la casa de Marina de un portazo con la esperanza de despertarla y obligarla a salir corriendo a buscarle, pero eso no pasó.
Salió desconcertado de aquel portal con olor a guiso de domingo, se encendió el cigarro, y ni siquiera se dio cuenta de que llevaba la camiseta del revés mientras pensaba en los recuerdos y en la niebla de un jueves cualquiera.
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