Necesaria.
Para mí, esta canción es necesaria
Todo el mundo me dice: "¿para qué?
Si ella nunca, ya nunca va a volver"
Y por eso, les llevo la contraria
y por eso me vuelvo del revés.
Antonio salió un poco desconcertado de aquella cama, de aquella casa, de aquel portal que olían a doce del mediodía, a comida familiar de domingo, a familia, a una vida quizás más alejada de lo que pensaba que era la suya. Hacía sol en la calle. Era la una del mediodía de un viernes de abril, quizás incluso fuera Viernes Santo. Antonio salió a la calle encendiendo con su mechero oxidado un cigarrillo liado con las migas de un paquete de tabaco que había encontrado en el bolsillo de su pantalón y, aspirando esa primera calada tan salada, tan amarga y redentora, intentó pensar en la noche de jueves que le había llevado a un viernes perdido en un barrio lejano, a una casa lejana, a una mujer demasiado cercana, de nuevo.
Todo empezó cuando empezó a sonar en el bar "Mis problemas con las mujeres" y el Loco se dejó la presencia y la voz como siempre en la grabación del Tropicana. La mente divagó, y con la mente, el alcohol y la raya de coca en el baño y el abrazo de María la mulata que trabajaba de camarera los jueves, viernes y sábados y a la que una vez le dijo demasiado borracho que estaba enamorado de ella.
Antonio salió a la calle aquel viernes preguntándose qué había pasado después del abrazo de María y no consiguió acordarse. Se acordaba del taxi con Marina, de los besos en el portal de siempre, de follar, del vacío que sintió antes de dormir, cuando Marina ya respiraba lentamente a su lado y él buscaba sin encontrarlo el resto de porro que se había guardado en la cartera hacía un par de horas.
Recordaba todo eso, y realmente no necesitaba recordar nada más. Luego se quedó dormido de golpe y cuando despertó Marina seguía durmiendo. Con cuidado salió de la cama, se vistió y encontró el paquete de tabaco tirado en el suelo. Luego se lió el cigarro y cerró la puerta de la casa de Marina de un portazo con la esperanza de despertarla y obligarla a salir corriendo a buscarle, pero eso no pasó.
Salió desconcertado de aquel portal con olor a guiso de domingo, se encendió el cigarro, y ni siquiera se dio cuenta de que llevaba la camiseta del revés mientras pensaba en los recuerdos y en la niebla de un jueves cualquiera.
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