lunes, 6 de abril de 2015

Para qué recordar si podemos mentir

Cómo se puede ser un soñador
en estos tiempos de hierro
en nada pasa, en nada sucede
todo se va y nada viene. 

Cuando sueña despierta, cierra los ojos, inclina la cabeza hacia un lado, deja caer su pelo hacia abajo como una cascada llena de agua negra, y se permite sentir en todos los poros de la piel descubierta los rayos del sol de este invierno que ya termina. 

Cuando sueña dormida, no sé lo que hace, pues jamás tuve la ocasión de verla dormir a mi lado. Siempre se escabulle de noche, en silencio, sin darme ocasión para protestar o despedirme. De pronto, puf, como una aparición, ya no está, y en el hueco donde antes estaba ella, ahora lo ocupa una lata vacía de la cerveza más barata del supermercado, y donde estuvieron sus pensamientos ahora está un disco rallado de Dylan que se atasca cuando suena Joey. Y al final, en el cenicero, quedan unos cuantos cigarros chafados y el humo volátil de un recuerdo que ya no recuerdas, de una persona que ya no recuerdas, de una noche que ya no recuerdas.

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