Mi primera reacción ha sido no leerla, arrugarla con odio en mis manos y tirarla a la basura sin prestarle más atención que ese par de segundos, suficientes, al fin y al cabo, para terminar de joderme la tarde, o la mañana o la noche, o lo que quiera que fuera el momento, pero luego la he sopesado en las manos, y me he echado a reír, porque ya sabía lo que ponía sin necesidad de leerlo.
Nos conocemos demasiado bien.
Otra vez a volvernos del revés
a olvidarte otra vez en cada esquina.
Luego la he guardado en uno de los cajones del escritorio, no sé ni cual, y me ha faltado un paquete de tabaco para fumarme un cigarro pensando en tus recuerdos.
Bailando entre las ruinas
por desamor al arte
de regarte las plantas de los pies.
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