miércoles, 27 de enero de 2016

Caos

Apenas se escucha el silencio, si acaso eso es posible. De vez en cuando se oye el roce de un brazo contra la sábana húmeda o una respiración leve que lucha por sobrevivir en el cuarto que apenas veo y que desconozco por completo. No sé dónde estoy. No tengo ni idea.

Tengo los ojos abiertos e intento moverme lo menos posible. Tengo miedo e intento recordar lo que hice anoche, pero es imposible con este dolor de cabeza que me atenaza y esta incertidumbre por saber a quién tengo a mi lado. Me incorporo un poco, lo más mínimo, y busco por la ventana algún punto de referencia en la ciudad que pueda ayudarme a ubicar la casa, a la mujer que duerme a mi lado con la cara entre las sombras, a mi presencia silenciosa en esta habitación tan oscura, pero la ventana da a un patio interior lleno de plantas trepadoras moradas que crecen en zigzag.

Me he levantado sin despertarla y he investigado entre sus cosas. Tiene un gato negro, y en todos los cuadernos apunta su nombre en la primera hoja con una letra redonda y demasiado pulcra para todo el caos que reina en este salón. En la mesa hay un paquete de tabaco y un cenicero con 17 colillas apagadas, una botella de ginebra en la que apenas queda nada y dos vasos vacíos. Aprovecho lo poco que queda en la botella y me lo sirvo en un vaso con agua que encuentro en una cocina que huele a aceite quemado.

Joder, es ella. La he visto en una foto al sentarme en el sofá con el vaso medio vacío fumando un cigarro que he encontrado debajo de la mesa del salón. Es ella y hacía años que no la veía. Lo primero que pienso es en marcharme y rezar para que ella tampoco recuerde nada de la noche, pero no lo hago. En cambio me quedo fumando en el sofá mirando la foto fijamente, intentando apreciar lo que ha cambiado su cara en todos los años que no la he visto. Ha aparecido por la puerta justo cuando estaba echando el humo de una calada, y ha parecido una visión de una vieja película de los años veinte. Lleva puesta mi camiseta y nada más. Nos hemos quedado mirando fijamente unos segundos sin decir nada, yo fumando, ella apoyada en el marco de la puerta.

Luego hemos hecho el amor, pero creo que esa es otra historia.

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