martes, 7 de junio de 2016

Siempre con miedo

He construido castillos en la arena
tan hermosos que me conformaría
con que las olas de mis penas los derribaran,
y así poder dormir en sus ruinas. 

Me miras desde arriba con una sonrisa que no se interpretar. Noto tus manos en mi espalda y yo solo espero el filo de la navaja entrando entre mis costillas, pero el dolor y la luz no llegan, solo llegan tus labios, y yo siento miedo. Miedo al vacío, miedo a sentirme solo, miedo a volver a sentir el humo de un cigarro machacando mis pulmones una vez más. Miedo a cualquier cosa que me transmita que ya no volveremos a vernos.

Junio.
Julio.
Agosto.
Septiembre.
Octubre.

La frase surge de tus labios como el cuchillo que tanto esperaba hace unos meses. Me giro en la cama para poder mirarte a los ojos, improvisando la respuesta a una pregunta que llevo semanas haciéndome yo mismo:
"¿Qué estamos haciendo?"
"Nadar a contracorriente"
Qué estupidez. No parece haberte hecho gracia, y me veo incorporándome poco a poco, preparando mi cabeza para, por fin, esta conversación. Alargo los segundos poniéndome el calzoncillo, yendo a la cocina a por agua, mirando tus rizos cayendo sobre tu espalda al darte la vuelta enfadada. Intento morderte la cintura, tumbarme sobre ti, pero tú ya no estás. Hace meses que no estás.

Creo que te fuiste lejos y ya jamás volviste.

No hay comentarios:

Publicar un comentario