domingo, 4 de mayo de 2014

De vueltas con la vida



Te vi entre tinieblas de humo, música, tierra y sudor. Te vi, como siempre, fuera de tu ambiente, como si no pertenecieras a ese mundo, aunque gritaras y rieras con ellos. Te vi y no me atreví a decirte algo, me quede paralizado mientras a mi alrededor el mundo se impregnaba de gritos y focos. Y entonces me viste tú.

Me viste y corriste hasta mí, a abrazarme mientras gritabas, a darme cerveza, a presentarme a tus amigas, a Claudia, a Inés (como la de Boikot), a Ingrid, a Laura. Yo solo sonreía y saludaba como un bobalicón que no tiene palabras, hasta que les dijiste eso de “él es Él”. No pude leer las mayúsculas en tus labios, pero supe que en tu cabeza hablabas así, y me quedé algo confuso, como si de pronto, dos años no fueran nada más que un suspiro. 

Nos fuimos de ahí. Los dos solos. A beber, a fumar, a por eme. Yo reía, yo olvidaba, yo te preguntaba y trataba de recordar y solo conseguía reír un poco más. Fue culpa del cristal y del whisky, y un poco de la noche y de tus ojos que me decían más de lo que quería saber, fue culpa de todo eso y entonces nos besamos justo cuando discutíamos sobre Madame Bovary y nos revivimos del todo el uno al otro. De lo de después, ya casi no me acuerdo. Sudores y tabaco mentolado.

A la mañana siguiente me fui sin avisarte. Es mejor así, cerrando ciclos.

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