miércoles, 30 de abril de 2014

Los mismos clavos

He rescatado la guitarra del trastero, y no la necesitaba desde Ariadna. He descubierto que aún sé tocar Los mismos clavos y cantarla a la vez, y que la necesitaba más de lo que pensaba.

Ahora, mientras escribo, me hago unas croquetas congeladas para irme de viaje, las meto en un tupper y en la mochila, y la cierro a la espera de que pasen las horas. En la tele, Fran Perea canta algo que intenta ser bonito, y un nudo en el estómago me revuelve las entrañas, acrecentando la sensación de que es un viaje de no retorno. Quizá vuelva, sí. Pero no siendo quién soy hoy.

No es una decisión que he tomado yo, es una decisión que me han hecho tomar, y ojalá no lo hubieran hecho. Ahora, en lo único que pienso es en realizar el viaje con quién debería y no beber tanto, y no fumar tanto, y no hundirme para ser feliz hundido.

Ahora, mientras escribo, acaricio las cuerdas de la guitarra y la miro con nostalgia y me dan ganas de romperla y escribir la música más preciosa que se haya escrito. Pero no. Solo acaricio las cuerdas y sonrío con nostalgia. Con tristeza.

Y espero poder volver del viaje siendo yo, el de ahora. Poder parar una transformación.

3 comentarios:

  1. A veces, hay que cambiar para superar los males, hacerse más fuerte. No pares la transformación, déjate volver más fuerte.

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  2. Hay gente que no cambia, hay quien no puede.

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