viernes, 9 de mayo de 2014

Llamas.

Ayer, Ariadna, la noche ardió con todos los papeles que quedaban por quemar. Anoche acabamos con todo lo que debíamos, anoche lancé un último suspiro.
Hoy, por la mañana, he deshecho mi habitación y metido en cajas lo importante, los libros, las cartas con tu letra y tus remites. Hoy, recogiendo, he vuelto a encontrar el diario que me escribiste, y me he sumergido en aquellos caóticos días de miedos e incertidumbres, de contar horas para hablar por ordenadores que casi nunca funcionaban, de kilómetros, de viajes, de records. Hoy he leído tu letra en el diario, dirigiéndote a mi, pidiéndome te quieros, lanzándome preguntas que sabías que nunca serían contestadas.
Luego lo he cerrado y me he sentado a disfrutar de mi resaca.
No, Ariadna, no lo he quemado. No podría hacerlo. Hay cosas que no se deben quemar, a diferencia de otras.

Chor.

1 comentario: