Todo empezaba a ir bien. Hacía noches que Dylan no sonaba, que Robe no me susurraba al oído locuras transitorias, que no me asomaba a la terraza con el paquete de tabaco que escondo en el cajón y con la mano temblorosa me encendía un cigarrillo y miraba la noche oscense pensando en ti.
Hacía 17 noches. Hoy, era la noche número 18, y mañana no podré escribir que llevaba 18 noches sin tener ganas de lanzar todo a tomar por culo de nuevo. Hoy has vuelto a morder.
Y sí, tuve que llorar. Hank acaba con Karen.
Dear Karen:
He estado pensando en Nosotros. Sí, Nosotros, con mayúscula. En nuestra historia. ¿Cómo cojones la resumo? ¿Ha sido perfecta? Para nada. Cualquier historia centrada en mí siempre será poco menos que un completo y rutilante desastre. Pero hay algo de lo que estoy seguro. Nuestro tiempo bajo el sol ha sido algo de una absoluta puta belleza. Las pesadillas, las resacas, follar y dar puñetazos... la reluciente y espléndida demencia de esta ciudad nuestra en la que durante años me he despertado, la he cagado, he dicho que lo sentía, me he desmayado, y lo he vuelto a repetir todo de nuevo.
Como escritor, me chiflan los finales felices. El chico consigue a la chica, ella le salva de él mismo... y puto fundido a negro. Como hombre que ama a una mujer, me doy cuenta de que eso no existe. No hay puestas de sol. Solo existe el ahora, y solo estamos nosotros dos, lo que puede ser aterrador de cojones a veces.
Pero, Karen, si cierras los ojos y escuchas el susurro de tu corazón, si simplemente, lo sigues intentando y no te rindes jamás, no importa cuantas veces lo malinterpretes, hasta que el principio y el final se difuminen en un "hasta que volvamos a encontrarnos"...
Y eso es todo. No sé cómo acabarlo, porque no ha acabado. Nunca acabará mientras tú existas, yo exista, y haya esperanza y Gracia.
Infielmente tuyo, Hank Moody.
No hay comentarios:
Publicar un comentario