He rescatado la guitarra del trastero, y no la necesitaba desde Ariadna. He descubierto que aún sé tocar Los mismos clavos y cantarla a la vez, y que la necesitaba más de lo que pensaba.
Ahora, mientras escribo, me hago unas croquetas congeladas para irme de viaje, las meto en un tupper y en la mochila, y la cierro a la espera de que pasen las horas. En la tele, Fran Perea canta algo que intenta ser bonito, y un nudo en el estómago me revuelve las entrañas, acrecentando la sensación de que es un viaje de no retorno. Quizá vuelva, sí. Pero no siendo quién soy hoy.
No es una decisión que he tomado yo, es una decisión que me han hecho tomar, y ojalá no lo hubieran hecho. Ahora, en lo único que pienso es en realizar el viaje con quién debería y no beber tanto, y no fumar tanto, y no hundirme para ser feliz hundido.
Ahora, mientras escribo, acaricio las cuerdas de la guitarra y la miro con nostalgia y me dan ganas de romperla y escribir la música más preciosa que se haya escrito. Pero no. Solo acaricio las cuerdas y sonrío con nostalgia. Con tristeza.
Y espero poder volver del viaje siendo yo, el de ahora. Poder parar una transformación.
miércoles, 30 de abril de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
Insomnia
Es miedo. Miedo de verdad. Es el peor momento del día. Es el momento en el que te arrastras hacia tu habitación y te desvistes como un día normal. Te sientas en la cama y te animas, y te dices "hoy quizá sí".
Pero no.
Te tumbas y apagas la luz, esperando que las pastillas para dormir que has tomado surtan efecto. Pero no. Te tumbas y miras al techo, y esperas, y esperas. Piensas en la negrura, en las manchas que están saliendo por tu cuerpo, en ese dolor ocasional en el costado derecho, el del brazo izquierdo que augura un infartito. Y te aseguras que no es nada.
Te das la vuelta.
Chafas la cara contra la almohada, levantas la barbilla, te vuelves a dar la vuelta. Llevas así 45 minutos. Tragando oscuridad. Piensas en lo que no quieres ni debes pensar, en el dolor de tu corazón, en la mujer que te asesinó. Rechazas el pensamiento, y te insistes en no pensar, en dejar la mente en blanco. Pero no puedes.
"Putas pastillas".
Cierras los ojos, y ves la misma oscuridad que cuando los tienes abiertos. Mueves las piernas, tienes calor en los pies. Han pasado dos horas. Bostezas. Te levantas, bebes agua. Vuelves arrastrando las piernas, restregando los ojos. Te acuestas de nuevo.
Te das la vuelta.
Quizás mañana.
Pero no.
Te tumbas y apagas la luz, esperando que las pastillas para dormir que has tomado surtan efecto. Pero no. Te tumbas y miras al techo, y esperas, y esperas. Piensas en la negrura, en las manchas que están saliendo por tu cuerpo, en ese dolor ocasional en el costado derecho, el del brazo izquierdo que augura un infartito. Y te aseguras que no es nada.
Te das la vuelta.
Chafas la cara contra la almohada, levantas la barbilla, te vuelves a dar la vuelta. Llevas así 45 minutos. Tragando oscuridad. Piensas en lo que no quieres ni debes pensar, en el dolor de tu corazón, en la mujer que te asesinó. Rechazas el pensamiento, y te insistes en no pensar, en dejar la mente en blanco. Pero no puedes.
"Putas pastillas".
Cierras los ojos, y ves la misma oscuridad que cuando los tienes abiertos. Mueves las piernas, tienes calor en los pies. Han pasado dos horas. Bostezas. Te levantas, bebes agua. Vuelves arrastrando las piernas, restregando los ojos. Te acuestas de nuevo.
Te das la vuelta.
Quizás mañana.
martes, 22 de abril de 2014
Me voy
Le dije que me iba, que no aguantaba más la incertidumbre y el no saber, que necesitaba arder y convertirme en otra persona de mis cenizas, que necesitaba morir para ser alguien nuevo.
Me dijo que quería reírse pero no podía, que para una vez que me pedía algo yo huía a las primeras de cambio, y se echó a llorar mientras la miraba con dureza.
Le dije que no me viniera con cuentos, que la quería más que a mi vida, pero que no soportaba nada más.
Entonces la besé.
Entonces la besé .
Entonces la besé y me di cuenta de las tonterías que estaba diciendo. Resurgir como un fénix...
Entonces se acabó el beso.
Le dije que me iba, que no aguantaba más.
Entonces nos abrazamos.
"Entonces, ¿qué?"
Y nos inundó el silencio.
Me dijo que quería reírse pero no podía, que para una vez que me pedía algo yo huía a las primeras de cambio, y se echó a llorar mientras la miraba con dureza.
Le dije que no me viniera con cuentos, que la quería más que a mi vida, pero que no soportaba nada más.
Entonces la besé.
Entonces la besé .
Entonces la besé y me di cuenta de las tonterías que estaba diciendo. Resurgir como un fénix...
Entonces se acabó el beso.
Le dije que me iba, que no aguantaba más.
Entonces nos abrazamos.
"Entonces, ¿qué?"
Y nos inundó el silencio.
jueves, 17 de abril de 2014
Crónica de una muerte anunciada
Escribo desde el dolor. Desde la ira, desde la tristeza.
Escribo, sobre todo, desde el miedo de no volverte a ver. De necesitar tu boca y no volver a morderla. De que nuestro último polvo fuera en unos baños sucios.
Escribo, sobre todo, desde el dolor que siento en el pecho y en la garganta, el de no tenerte, el de las ganas de llorar y no poder respirar, el de necesitar constantemente la seguridad de una botella cerca, o de un abrazo que seguro no será el tuyo.
Escribo, sobre todo, desde la ira que me produce sentirme un juguete que no sabe en qué dirección le guía su dueño, de no saber qué ni cuánto he de esperar, de saber que esperaré, con la esperanza machacada y las lágrimas ya secas.
Escribo desde la tristeza de no tener a Hank fumando un cigarro mirando al infinito, de que Karen quizá no le abra la puerta y le bese y que quizá todo sea un absurdo sueño que ya soñé hace meses.
Escribo desde tí. Y quizá ya no deje de hacerlo nunca.
Escribo, sobre todo, desde el miedo de no volverte a ver. De necesitar tu boca y no volver a morderla. De que nuestro último polvo fuera en unos baños sucios.
Escribo, sobre todo, desde el dolor que siento en el pecho y en la garganta, el de no tenerte, el de las ganas de llorar y no poder respirar, el de necesitar constantemente la seguridad de una botella cerca, o de un abrazo que seguro no será el tuyo.
Escribo, sobre todo, desde la ira que me produce sentirme un juguete que no sabe en qué dirección le guía su dueño, de no saber qué ni cuánto he de esperar, de saber que esperaré, con la esperanza machacada y las lágrimas ya secas.
Escribo desde la tristeza de no tener a Hank fumando un cigarro mirando al infinito, de que Karen quizá no le abra la puerta y le bese y que quizá todo sea un absurdo sueño que ya soñé hace meses.
Escribo desde tí. Y quizá ya no deje de hacerlo nunca.
domingo, 13 de abril de 2014
Ariadna
Querida Ariadna:
Hoy has vuelto a venir a mi cabeza. O más bien tu recuerdo. He visitado la casa de mi tía y, al pasar por su cuarto, he visto el cuadro que hay en el cabecero de su cama. La noche de Van Gogh nos iluminaba por las noches cuando ella no estaba y, en secreto, imponíamos nuestras reglas en su cama. He tenido que ir corriendo al baño a esconder las lágrimas, a mirarme al espejo, a darme fuerza. Luego no he entendido nada, y he tenido que irme corriendo de esa casa.
Ya no te echo de menos, ni te recuerdo a menudo, pero ojalá lo hiciera, porque era menos doloroso de lo que lo es ahora. Me gustaría saludarte y preguntarte cómo te va todo. Saber de ti, decirte lo mucho que significaste. A veces lo imagino y es un poco como Mi primera combustión de los lesbianos, y sonrío porque siempre nos reímos de esa canción.
Ahora me vuelve a doler el corazón, y ya no es por tí. Ni siquiera es por mí. Me gustaría contarte lo destrozado que me siento. La marioneta en la que me convertí de nuevo en otras manos, y de cómo ardí en el fuego, dejando unas cenizas que el viento se llevará y no dejarán ni un recuerdo, ni un escocer de ojos, y que en unos años estarán diseminadas por distintos contenedores.
No puedo evitar pensar en la Maga bailando en el Pont des Arts mientras Horacio la mira desde lo lejos. No he podido evitar pensar en la Maga y en su hijo Rocamadour muerto cuando es tan solo un bebé. No he podido evitar pensar en la Maga como Ella, y no se cómo continuar.
Querida Ariadna. Hacía tiempo que no pensaba en tí, y realmente no pienso en tí.
Mil abrazos.
Chor.
Hoy has vuelto a venir a mi cabeza. O más bien tu recuerdo. He visitado la casa de mi tía y, al pasar por su cuarto, he visto el cuadro que hay en el cabecero de su cama. La noche de Van Gogh nos iluminaba por las noches cuando ella no estaba y, en secreto, imponíamos nuestras reglas en su cama. He tenido que ir corriendo al baño a esconder las lágrimas, a mirarme al espejo, a darme fuerza. Luego no he entendido nada, y he tenido que irme corriendo de esa casa.
Ya no te echo de menos, ni te recuerdo a menudo, pero ojalá lo hiciera, porque era menos doloroso de lo que lo es ahora. Me gustaría saludarte y preguntarte cómo te va todo. Saber de ti, decirte lo mucho que significaste. A veces lo imagino y es un poco como Mi primera combustión de los lesbianos, y sonrío porque siempre nos reímos de esa canción.
Ahora me vuelve a doler el corazón, y ya no es por tí. Ni siquiera es por mí. Me gustaría contarte lo destrozado que me siento. La marioneta en la que me convertí de nuevo en otras manos, y de cómo ardí en el fuego, dejando unas cenizas que el viento se llevará y no dejarán ni un recuerdo, ni un escocer de ojos, y que en unos años estarán diseminadas por distintos contenedores.
No puedo evitar pensar en la Maga bailando en el Pont des Arts mientras Horacio la mira desde lo lejos. No he podido evitar pensar en la Maga y en su hijo Rocamadour muerto cuando es tan solo un bebé. No he podido evitar pensar en la Maga como Ella, y no se cómo continuar.
Querida Ariadna. Hacía tiempo que no pensaba en tí, y realmente no pienso en tí.
Mil abrazos.
Chor.
jueves, 10 de abril de 2014
Punto. Suspensivo.
Iniciamos nuestra propia procesión cuando los tambores ya se habían callado. Caminábamos en silencio, cogidos de la mano, mirando hacia el suelo, incapaces de levantar la cabeza y mirarnos a nosotros. Habíamos hablado de amor. Habíamos soñado con el futuro. Incluso nos lo creíamos mientras lo decíamos, pero nos habíamos caído en un vacío, como tantas otras veces, del que somos incapaces de saber salir.
Abro los cajones buscando tus rescoldos, intento ignorarlos para no tener que deshacerme de ellos, para quizá encontrarlos como una sorpresa en un tiempo cuando no duelan, cuando pueda mirarlos con una sonrisa de añoranza por tiempos mejores, por tiempos pasados.
Ahora, que viene la Semana Santa, periodo de penitencia de latigazos, de lágrimas y de lluvia, quizá sea la hora de cortar las gomas de la muñeca, y de encender hogueras con cartas ycalcetines y ver desde fuera como el humo se lleva las esperanzas que de ninguna manera dejaré de tener.
Vuelve, por favor.
"Amor mio, Ariadna, salvame. Las hojas del otoño me estan llegando ya al cuello"
Abro los cajones buscando tus rescoldos, intento ignorarlos para no tener que deshacerme de ellos, para quizá encontrarlos como una sorpresa en un tiempo cuando no duelan, cuando pueda mirarlos con una sonrisa de añoranza por tiempos mejores, por tiempos pasados.
Ahora, que viene la Semana Santa, periodo de penitencia de latigazos, de lágrimas y de lluvia, quizá sea la hora de cortar las gomas de la muñeca, y de encender hogueras con cartas ycalcetines y ver desde fuera como el humo se lleva las esperanzas que de ninguna manera dejaré de tener.
Vuelve, por favor.
"Amor mio, Ariadna, salvame. Las hojas del otoño me estan llegando ya al cuello"
martes, 8 de abril de 2014
Cierra los ojos.
Cierra los ojos por favor.
Hazme ese favor, ciérralos. Ahora ábrelos, toma aire y cierra esta pestaña del navegador. No leas esto. No leas mi dolor. No veas de nuevo mi humillación, mi arrastre, mi cobardía. No mires mis ojos y deja que lama mis heridas.
Si sigues leyendo tienes que odiarme.
Me odias y no lo sabes.
Hoy sí bebo. Hoy bebo whisky de 30 euros la botella y siento el ardor de la garganta, y lamento perderte e intentar agarrarte como si fueras un trozo de tela que se va empujado por el viento. Lamento no tener la valentía de soltarlo. Nunca lo tendré. Te necesito. Necesito tu cuerpo sobre el mío, tus poesías, tus sonrisas, tu frases tan subornidadas como yo a ti. Necesito amanecer con un "Buenos días".
Cierra los ojos por favor.
Hazme un favor. Ciérrame los ojos.
Hazme ese favor, ciérralos. Ahora ábrelos, toma aire y cierra esta pestaña del navegador. No leas esto. No leas mi dolor. No veas de nuevo mi humillación, mi arrastre, mi cobardía. No mires mis ojos y deja que lama mis heridas.
Si sigues leyendo tienes que odiarme.
Me odias y no lo sabes.
Hoy sí bebo. Hoy bebo whisky de 30 euros la botella y siento el ardor de la garganta, y lamento perderte e intentar agarrarte como si fueras un trozo de tela que se va empujado por el viento. Lamento no tener la valentía de soltarlo. Nunca lo tendré. Te necesito. Necesito tu cuerpo sobre el mío, tus poesías, tus sonrisas, tu frases tan subornidadas como yo a ti. Necesito amanecer con un "Buenos días".
Cierra los ojos por favor.
Hazme un favor. Ciérrame los ojos.
lunes, 7 de abril de 2014
Blublu
No.
Pensé que no era un sueño. Pero creo que soñé que estábamos tumbados en la cama, y te abrazaba susurrando en tu oído un "pensé que me dejabas". Pensé que no era un sueño cuando desperté y me vi solo en mi cama, sin tu pierna sobre mí, sin tu pelo y tu sonrisa llamando a la puerta.
Entonces me eché a reir, y me vi de nuevo solo y perdido por las noches, buscando cuchillos para mi carne. Entonces le grité al móvil el por qué de su silencio, me encogí y rodé por la cama, y me detuve un momento para llorar y sentir por fin el dolor.
"Tengo whisky" pienso un momento. Pienso en beber y lo rechazo porque, por primera vez en meses, no es lo que quiero. Quiero acabar con este dolor de aquí del pecho y no se cómo conseguirlo. Escribo. Escribo...
Pensé que no era un sueño. Pero creo que soñé que estábamos tumbados en la cama, y te abrazaba susurrando en tu oído un "pensé que me dejabas". Pensé que no era un sueño cuando desperté y me vi solo en mi cama, sin tu pierna sobre mí, sin tu pelo y tu sonrisa llamando a la puerta.
Entonces me eché a reir, y me vi de nuevo solo y perdido por las noches, buscando cuchillos para mi carne. Entonces le grité al móvil el por qué de su silencio, me encogí y rodé por la cama, y me detuve un momento para llorar y sentir por fin el dolor.
"Tengo whisky" pienso un momento. Pienso en beber y lo rechazo porque, por primera vez en meses, no es lo que quiero. Quiero acabar con este dolor de aquí del pecho y no se cómo conseguirlo. Escribo. Escribo...
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