jueves, 17 de abril de 2014

Crónica de una muerte anunciada

Escribo desde el dolor. Desde la ira, desde la tristeza.

Escribo, sobre todo, desde el miedo de no volverte a ver. De necesitar tu boca y no volver a morderla. De que nuestro último polvo fuera en unos baños sucios.

Escribo, sobre todo, desde el dolor que siento en el pecho y en la garganta, el de no tenerte, el de las ganas de llorar y no poder respirar, el de necesitar constantemente la seguridad de una botella cerca, o de un abrazo que seguro no será el tuyo.

Escribo, sobre todo, desde la ira que me produce sentirme un juguete que no sabe en qué dirección le guía su dueño, de no saber qué ni cuánto he de esperar, de saber que esperaré, con la esperanza machacada y las lágrimas ya secas.

Escribo desde la tristeza de no tener a Hank fumando un cigarro mirando al infinito, de que Karen quizá no le abra la puerta y le bese y que quizá todo sea un absurdo sueño que ya soñé hace meses.

Escribo desde tí. Y quizá ya no deje de hacerlo nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario