lunes, 28 de abril de 2014

Insomnia

Es miedo. Miedo de verdad. Es el peor momento del día. Es el momento en el que te arrastras hacia tu habitación y te desvistes como un día normal. Te sientas en la cama y te animas, y te dices "hoy quizá sí".

Pero no.

Te tumbas y apagas la luz, esperando que las pastillas para dormir que has tomado surtan efecto. Pero no. Te tumbas y miras al techo, y esperas, y esperas. Piensas en la negrura, en las manchas que están saliendo por tu cuerpo, en ese dolor ocasional en el costado derecho, el del brazo izquierdo que augura un infartito. Y te aseguras que no es nada.

Te das la vuelta.

Chafas la cara contra la almohada, levantas la barbilla, te vuelves a dar la vuelta. Llevas así 45 minutos. Tragando oscuridad. Piensas en lo que no quieres ni debes pensar, en el dolor de tu corazón, en la mujer que te asesinó. Rechazas el pensamiento, y te insistes en no pensar, en dejar la mente en blanco. Pero no puedes.

"Putas pastillas".

Cierras los ojos, y ves la misma oscuridad que cuando los tienes abiertos. Mueves las piernas, tienes calor en los pies.  Han pasado dos horas. Bostezas. Te levantas, bebes agua. Vuelves arrastrando las piernas, restregando los ojos. Te acuestas de nuevo.

Te das la vuelta.

Quizás mañana.

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